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Diálogos de Fuego y Materia: Del Taller de Metalmecánica a la Pasta Cerámica

Foto del escritor: Sergio Galvis
Sergio Galvis
21 ago
5 min de lectura

El taller de metal como punto de partida


El acero es un material sagrado en mi práctica artística y cotidiana. Representa para mí progreso, sustento y una fuente inagotable de creación plástica. En el taller me rodeo constantemente de láminas de distintos calibres, hilos, lana de acero, guayas y varillas; es un universo riguroso donde los golpes de martillo, el desgaste de los abrasivos, las perforaciones y el calor del fuego de soldadura me permiten someter y modelar la materia. No obstante, por más versátil que resulte el metal, sus límites expresivos están siempre marcados por sus propias cualidades físicas: la tenacidad, la rigidez estructural y una innegable impronta industrial.

En el extremo opuesto a esta rigidez se encuentra la arcilla. La cerámica ofrece una plasticidad inmediata, una multiplicidad de formas y una riqueza de texturas que responden de manera fluida al ojo y al tacto. Trabajar con barro me permite despojarme temporalmente de la carga ruidosa del taller metalmecánico para conectarme con algo ancestral, tradicional y profundo. A pesar de estas diferencias de origen y estética, ambos lenguajes comparten una raíz indestructible: dependen del fuego y de la alta temperatura para consolidar su transformación definitiva, además dentro de mis procesos el dibujo en cualquier caso es el primer paso a seguir para entender la forma y encontrar posibles soluciones.

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Boceto de una de las piezas a desarrollar, basado en la forma de una cochinilla de humedad.
Boceto de una de las piezas a desarrollar, basado en la forma de una cochinilla de humedad.

¿Qué pasa si el metal entra en la arcilla?


Al plantearme la posibilidad de hibridar ambos oficios, la primera opción técnica era incorporar limadura de hierro a la masa cerámica. Sin embargo, opté por el bronce. Necesitaba desapegarme de la zona de confort que me ofrece el acero. Al estar compuesto por la aleación entre hierro y carbono, el acero posee una dinámica de oxidación rojiza y oscura que conozco a la perfección; la textura y terminación que ofrecía el hierro no me planteaba un reto conceptual nuevo.


El bronce, en cambio, carga con una connotación histórica ligada a los adornos suntuarios de la antigüedad y ofrece una maleabilidad muy particular. Pero, por encima de todo, me interesaba su composición química: la promesa de obtener pigmentaciones y matices verdes profundos gracias a su contenido de cobre al someterse a la atmósfera del horno

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La decisión de trabajar con una proporción cercana al 10 % de limadura de bronce no surgió de un cálculo conciente, sino de una coincidencia propia de la dinámica de taller. Acudí a una cerrajería local y compré el residuo completo que quedaba tras el desgastado de las llaves al sacar copias. Quise aprovechar la totalidad de esa masa metálica sobrante. Al pesarla y confrontarla con el volumen de arcilla y chamote que iba a preparar, la relación matemática resultó ser de una parte de viruta de bronce por nueve partes de mezcla cerámica (es decir, 10 % de bronce y 90 % de arcilla y chamote).


Materialización de la pieza Cochinilla con la pasta cerámica con bronce, sustrayendo material con gradinas.
Materialización de la pieza Cochinilla con la pasta cerámica con bronce, sustrayendo material con gradinas.

Proceso técnico, tensión y hallazgos


El proceso de preparación presentó retos físicos desde el primer momento. Durante el amasado inicial, las diminutas esquirlas de bronce se clavaban levemente en la piel de las manos; un pinchazo sutil pero constante que me recordaba la rudeza del meta.l Por otro lado, la presencia de las partículas metálicas provocaba que la masa perdiera humedad con mayor rapidez, obligándome a aplicar agua con atomizador de manera continua para evitar el craquelado prematuro durante la hechura.


La prueba piloto la realicé moldeando una pequeña galleta de ensayo. La textura táctil y la presencia del metal en bruto eran sumamente interesantes, pero para comprobar si el verde del cobre afloraría, era necesario aplicar un esmalte transparente y someter la pieza a una segunda cocción. El resultado tras la quema de esmalte entregó dos comportamientos:


  1. Efecto Vitrificado: En una mitad de la muestra, el esmalte transparente reaccionó con el bronce generando un tono verde intenso y de gran belleza.


  2. Efecto Fusionado: En la otra mitad, la viruta pareció integrarse y fundirse aún más en la superficie cerámica, tornando la pasta hacia un tono café oscuro salpicado por pecas más oscuras derivadas de la presencia del bronce.


Con esta verificación supe que la formulación tenía la personalidad adecuada para estructurar el proyecto escultórico. Desarrollé entonces tres piezas inspiradas en morfologías de la naturaleza:


  1. La Hoja: Un ejercicio enfocado en la abstracción de las nervaduras y texturas vegetales sin perder la fluidez de la forma laminar.

  2. La Mazorca: Una búsqueda morfológica sobre los ritmos del fruto y las oquedades que dejan las orugas al alimentarse. La intención no era representar un cuerpo vegetal invulnerable o perfecto, sino acentuar sus imperfecciones y marcas de vida.

  3. La Cochinilla de Humedad: Un trabajo esculpido en volumen tomando la segmentación del artrópodo, sustrayendo material mediante el uso de gradinas.

Las tres piezas apelan al uso del vacío, la presencia de humedad en lo vivo y a una dualidad matérica: mantienen zonas de pasta cocida al natural (donde el bronce se aprecia áspero y mate) en diálogo con sectores intervenidos con esmalte transparente que hacen brotar la vitrificación verde
Pieza final Cochinilla, después de la segunda cocción, se puede visualizar la terminación con esmalte y la zona sin intervenir manteniendo el color original cocido de la pasta cerámica.
Pieza final Cochinilla, después de la segunda cocción, se puede visualizar la terminación con esmalte y la zona sin intervenir manteniendo el color original cocido de la pasta cerámica.

Materia, error e interdisciplinariedad


En la producción plástica, el "error" o la alteración inesperada del plan original no debe entenderse como un fallo, sino como una ventana de posibilidad y la manifestación más sincera de las propiedades físicas y químicas de la materia. A fin de cuentas, tanto el barro como el bronce provienen de la tierra y, al someterse a la cocción, recuerdan su origen común al fundirse en una misma estructura.

Cabe anotar que, si bien la galleta de prueba entregó un patrón de comportamiento, al llevar la pasta a volúmenes más grandes en las tres piezas definitivas, la masa térmica del horno generó ligeras variaciones de tono en comparación con el ensayo inicial, otorgando a cada elemento una identidad única.


Habitar los bordes entre disciplinas


En mi proceso creativo todo se encuentra interconectado. Mi manera habitual de abordar el acero es a partir de la lámina plana, la cual corto, doblo y pliego para construir volumen. En este proyecto cerámico trasladé exactamente esa misma lógica: la mayoría de las piezas las inicié estirando la pasta con rodillo para generar placas, sobre las cuales apliqué cortes, ensambles y dobleces para dar forma al cuerpo tridimensional.

Resulta profundamente enriquecedor aplicar metodologías que parecen exclusivas de una técnica hacia otros campos. Descubrir cómo los conocimientos de la metalmecánica permiten abordar la arcilla desde una perspectiva distinta alimenta la práctica del taller, abriendo un canal donde es posible aprender de otros ceramistas y, al mismo tiempo, aportar lecturas procedentes de diversos oficios.
Serie Fósil, de izquierda a derecha, hoja mazorca y cochinilla. 2015.
Serie Fósil, de izquierda a derecha, hoja mazorca y cochinilla. 2015.

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